Los beneficios de pensar más despacio

Los beneficios de pensar más despacio
6 febrero, 2019 GeBlog

Slow Life, Slow Faschion, Slow Food… Queremos una sociedad más Slow. Nos hemos dado cuenta de que correr no siempre es mejor así que hemos decidido frenar un poco el ritmo y descubrir que nos podemos tomar las cosas de otra forma. Pero, ¿por qué no se ha puesto de moda el Slow Think? Los beneficios de pensar más despacio están todavía por descubrir a pie de calle pero algunas investigaciones ya se han hecho eco. A nosotros nos encanta ponerlo en práctica.

Objetivo: Pensar más despacio

Lo podemos hacer de dos formas. Una, pensar como si fuéramos en un coche de gran velocidad. Otra, como si decidiéramos bajar para ir andando, más despacio, claro. En realidad, siempre podríamos llegar a la meta pero el viaje sería distinto. Mientras que desde el coche no podríamos prestar mucha atención a los detalles, caminando sí. Lo que encierra esta metáfora son dos formas opuestas de ejercitar nuestra mente. Si vamos deprisa, ésta se vuelve más rígida y no hay lugar para la flexibilidad. Sin embargo, si vamos más despacio, podemos fijarnos en esas pequeñas cosas, estamos más preparados para los imprevistos y para adaptarnos en cualquier momento.

El aprendizaje no siempre entiende de prisas. La reflexión requiere tiempo, que no es el que se estila en las redes sociales donde la immediatez impera las 24 horas. Curiosamente, solo cuando reflexionamos y nos cuestionamos nuestras creencias de partida, podemos encontrar soluciones que a priori ni se nos habían ocurrido.

Hoy os queremos recomendar un libro que explica esta dicotomía. Se trata de Pensar rápido, pensar despacio, de el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman. El autor hace sus investigaciones sobre la forma de pensar de los seres humanos y sostiene que hay dos modos principales. Por un lado, el Sistema 1, rápido, intuitivo y emocional, (que nos recuerda a esa velocidad del coche de carrera) y por otra, el Sistema 2, más lento, reflexivo y racional (velocidad de un andante). Esta teoría, por cierto, ha sido aceptada por la psicología.

Como veíamos anteriormente, el primero proporciona conclusiones de forma automática, y el segundo, respuestas conscientes. Lo más curioso es que, en la mayoría de las ocasiones, no reflexionamos sobre cuál de los dos ha tomado las riendas de nuestras acciones.

Os dejamos algunas frases del mismo Kahneman y que nos ayudan a entender los beneficios de pensar despacio.

Los mejores pensamientos de mi vida los tuve en mis paseos ociosos.

Te sientas como te sientas, actúa siempre con calma y corrección.

Confundir la experiencia con la memoria de la misma es una poderosa ilusión cognitiva, y lo que nos hace creer que una experiencia transcurrida puede resultar arruinada es la sustitución. El yo que experimenta no tiene voz. El yo que recuerda a veces se equivoca, pero es el único que registra y ordena lo que aprendemos de la vida, y el único también que toma decisiones. Lo que aprendemos del pasado es a maximizar las cualidades de nuestros futuros recuerdos, no necesariamente de nuestra futura experiencia. Tal es la tiranía del yo que recuerda.

Ninguna cosa de la vida es tan importante como pensamos cuando pensamos en ella.

Los gustos y decisiones están modelados por los recuerdos, y los recuerdos pueden ser falsos.

Somos propensos a sobrestimar lo que entendemos del mundo y a subestimar el papel del azar en los acontecimientos.

La ilusión de que entendemos el pasado fomenta el exceso de confianza en nuestra capacidad para predecir el futuro.

Las situaciones son constantemente evaluadas como buenas o malas, que aconsejan la huida o permiten la aproximación.

La inteligencia no es solo la capacidad de razonar; es también la capacidad de encontrar material relevante en la memoria y enfocar la atención cuando se necesita.

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Y tú, ¿qué tipo de pensamiento ejercitas más en tu día a día? ¿Estás dispuetso a pensar más despacio a partir de hoy?

 

 

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